En el año 1910 encontramos una resolución de la Dirección General
de Instrucción Primaria del 5 de febrero (entonces presidida por el
antes Inspector General) en la que parecen confluir las preocupaciones
de media década atrás, estableciendo el uso de túnicas de tela durante
las horas de clase.
La misma encuentra su antecedente en las escuelas alemanas de la
época y se fundamenta -entre otras razones- en que "el uso de la túnica
oculta las deficiencias de las ropas de los niños procedentes de los
hogares menos
afortunados , y suprime por consiguiente las resistencias de los
padres a enviar sus hijos a la Escuela, cuando sus recursos no les
permiten comprarles las ropas necesarias para presentarlos correctamente
vestidos".
Aquí se cree encontrar, entonces, un modo de encubrir la existencia
de distintos estratos sociales, que se manifiestan en las diferencias
de vestimenta entre los niños. parece nuevamente el recurso de la
simulación como modo de sostener la apariencia de homogeneidad social y
perturbar el acceso a la conciencia de la propia pobreza, en tanto
generadora de sentimientos de humillación. Se reconoce implícitamente
que el acceso universal a la escuela se haya ensombrecido por las
condiciones sociales.
La resolución sostiene expresamente, que "la túnica, en su
uniformidad, permite obtener una igualdad completa ante los alumnos,
haciendo cesar así los inconvenientes de las desigualdades sociales en
la Escuela, tan perniciosas para sus verdaderos fines en los países
democráticos".
Sin embargo pocas líneas más abajo hay un reconocimiento de que tal
igualdad es sólo aparente, surgiendo la incertidumbre acerca de si es
posible exigir el uso de la túnica en la medida que, a pesar de su
escaso valor, implica un gasto más o menos crecido. Como resultado de
tal cuestionamiento, se establecerá que su uso no sea obligatorio en ese
momento.
Las definiciones de la institución escolar se enfrentan entonces a
una realidad social que a cada paso da muestra de su diversidad,
limitando su papel al intento de ocultar la misma para neutralizar sus
impactos y así evitar el conflicto social.
















